lunes, 12 de septiembre de 2011

Cuarta Veintena - Capítulo 1

LA TERCER MUDANZA

Habiendo caducado el período acordado de permanencia en la Colonia Escandón, luego de haber buscado entre varias propuestas para hacerme de un nuevo hogar, me decidí por instalarme en una casona ubicada en la Colonia Cuauhtemoc. Por un precio considerable se me brindan comodidades tales como Internet wi-fi, canales (y televisor claro), una recámara dentro de todo acogedora y con mucha iluminación gracias a la ventana que da al floreado patio, una cama muy confortable y un armario grandísimo con alrededor de 59 perchas; Además cuento con un estante espacioso en la heladera, acceso a todos los utensilios de cocina (ollas, platos, vasos, cubiertos, colador, etc), e incluso hay mi disposición un lavarropas que pagando una diferencia mínima puedo usar, aunque tengo que comprarme el jabón je. El baño está al lado de mi habitación y es compartido, por lo que nadie deja el papel en el baño, ni los jabones, ni el shampoo, ni siquiera los cepillos de dientes. Todo bien dividido, personal e independizado. Por suerte la ducha tiene bastante presión aunque no la que tenía en el baño del depa de Escandón.


La casa es hermosa por dentro y de marcado estilo antiguo, la dueña debe tener unos sesenta y pico de años y se llama Jacqueline y tiene una perra labradora que se come todo lo que se le cruza y que si te das vuelta se sube a la mesa y mete el hocico en tu plato. Hay otros dos inquilinos más, hace unos días conocí a uno de ellos, mexicano de cómo 42 años y la verdad que no entiendo cómo llegó acá, no es tema mío igualmente. Mi habitación queda arriba, al fondo a la izquierda, lo llamativo es que la señora se acuesta siempre sobre las 20:30 (incluso antes) y duerme con la perra (mmm), a lo que iba es que cuando uno regresa luego de ese horario están todas las luces apagadas aunque por suerte descubrí como utilizar la linterna de mi teléfono para que alumbre mi ascenso hacia mi casita. Lo mejor de esta zona donde estoy viviendo es que se trata de un barrio súper seguro, algo caro en comparación al anterior, en el cual tengo a dos calles la gloriosa Diana Cazadora y a 5 cuadras también puedo disfrutar del Ángel de la Independencia (fotos).



No es que tampoco se trate un centro turístico, si bien es gratificante salir de la casa “de uno” y encontrarse con una zona hermosísima, aunque es una de las que se desmadran de tráfico en los horarios pico (los cuales son muchos). En materia transporte tengo la estación de Metro Sevilla a 5 calles, también tengo Chapultepec a unas 7 cuadras, lo cual me permite poder tomarme camiones (colectivos) que viajan hasta la mayoría de los puntos alejados que contiene el D.F.; Mi zona es conocida más comúnmente como Reforma, y algo de lo que no hay dudas es de que a octubre también lo voy a vivir aquí donde estoy hoy día. Por último debo señalar que tengo una terraza a la cual accedo desde una puerta que está dentro de la recámara, ah y que obviamente que puedo traer visitas…a dormir no sé si puedo hacerlo, sin embargo no lo haría jamás porque el respeto domina mis acciones (¿?).


¡¡QUÉ APARATOSO ESTE BUEY!!

Volviendo a las irregularidades que algunos cometen por no detenerse a pensar, voy a citar una noche en casa del peruano y querido Manuel, bah en realidad fue a metros de la puerta de su departamento. Estábamos con otros 2 amigos (uno francés y otro mexicano) fumando unos puros y bebiendo vodka de raspberry, cuando terminamos la botella decidimos tomar unas botellitas de cerveza antes de migrar al antro que esa noche nos esperaba. Lo que pasó fue que mientras buscábamos finiquitar esos envases a Manu se le rayó el disco rígido y dijo “vamos, vamos, nos tomamos las chelas esperando un taxi abajo”, “ok” dijimos todos y bajamos…mientras aguardábamos un taxi nos reíamos de alguna frase incoherente las cuales todos veníamos profiriendo ya naturalmente. Manu por su parte elegía cantar algo incomprensible parado en el medio de la calle y bailando osadamente, hasta que a una cuadra más o menos yo diviso que venía una patrulla policial; De inmediato le advierto de esto a Manu pero él siguió con sus ademanes exaltados, para que me hiciese caso le tiré de su remera pero no hubo caso (valga la redundancia), para cuando me cansé de insistirle opté por alejarme unos pasos de él y dejar mi botella al lado del árbol más cercano. De los otros dos el mexicano ya había dejado su cerveza arriba, en tanto el francés estaba hablando por celular así que medio como no entendió cuando la maldita policía frenó al lado nuestro, y si bien 15 segundos antes Manu se había percatado de cortar con su “acting alocado”  ya era tarde…


Estos dos policías se bajaron de su auto y vinieron hacia nosotros parsimoniosamente, sus caras no denotaban una situación económica excelente ni tampoco ganas de dejarnos ir gratuitamente en otras palabras. Primero el mexicano intentó explicar la situación, creyendo que ser local le daría algún poder especial, a lo cual le dijeron que “nos vamos a tener que llevar a ellos dos porque estaban tomando en la vía pública en un horario en el que es un delito". Según ellos (días después supe que era falso lo que nos dijeron) el chiste de Manuel al menos implicaba 32 (¿32?) horas en el calabozo o una multa de 6.000 pesos (2.000 nuestros aproximadamente), en eso saltó Manu a intentar calmar las aguas aunque indudablemente era por lejos el menos indicado, a lo que lo uno de los oficiales se dirigió a su patrullero y procedió a abrir la puerta trasera (como consumando el arresto) y amenazantemente volvió a nosotros para decirnos “bueno ¿cómo hacemos?”; Por su parte el francés empezó a auto-abochornarse con su español poco fluido e hizo que el otro oficial haga sonar su radio para informar la situación a sus superiores (al menos fingió que lo estaban escuchando y usó un tono bien policíaco). Yo por dentro crepitaba porque sabía que era irrevertible el tenso momento, entonces intenté decirles que no pasaba nada, que era un error de distracción y que no se volvería a repetir, que seguramente tendrían cosas más importantes para hacer y que se queden tranquilos que nos tomaríamos un taxi y nos iríamos hacia otro lugar sin hacer barullo alguno. Mientras el francés paró a un taxi, el mismo frenó detrás de la patrulla, pero uno de los policías fue y le dijo al conductor que siguiera su ruta. Lo gracioso fue que el taxista no acató la orden y siguió esperando a que sus clientes resolviésemos la situación, lo que obligó al oficial a levantarle la voz al del taxi para que se retire y este sin más lo hizo.


Seguidamente nuestra impaciencia nos llevó a preguntar cuánto querían para compensar lo hecho, "400 pesos al menos" dijeron (una locura debe haber sido el pensamiento al unísono de nosotros 4). Idas y venidas mediante entre los 3 convencieron a los oficiales para darles (¡solamente!) 200 pesos, lo mejor fue que ese monto lo pusieron entre el mexicano y el francés, yo no me iba a hacer cargo en ninguna vida, y Manu les dijo a nuestros compañeros que después les daría dinero porque no tenía cambio. La noche duró 2 horas más, la verdad fue que nos marcó feo en nuestras conciencias la desgracia ocurrida, y por más intentos que hicimos para olvidarlo sabíamos que esa noche ya había sido víctima del aura inadaptada del gran Manuel. Otra vez gracias amigo, nunca había sido partícipe de una coimeada semejante (ja).

domingo, 4 de septiembre de 2011

Tercera Veintena - Capítulo Final


INTERACCIONES Y CURIOSIDADES

En el envión de ir a ver departamentos, las primeras semanas de agosto, además de recámaras, casas rodantes, truchos sucuchos, con la intención de encontrar un lugar acogedor más aún barato (y dentro de todo céntrico); Por esas bizarras casualidades de la vida tuve la oportunidad de conocer a un sujeto por demás extraño, un muchacho inglés de 36 años llamado Patrick quién me abrió las puertas de su hogar un domingo a eso de las 16hs. Para empezar tardé unos 3 minutos en poder entrar a conocer el depa, ya que la mala onda que me tiraba su perrito poco simpático era tal que los ladridos voraces me hicieron dar “4 pasos hacia atrás” (como arranca la canción de Spinetta “A su amor allí”). Hasta que aparentemente el perro había cesado algo en su falta de aceptación para conmigo y con el indispensable apañamiento de su dueño me decidí a pasar, seguidamente el anfitrión desesperado en acortar gastos comenzó a mostrarme el humilde lugar donde vivía y al que pretendía incluirme. Luego de exhibírmelo "de pe a pa", y de no convencerme demasiado, el inglesito se puso medio nervioso para revelarme “algo importante, un detalle que tienes que saber y que podría molestarte”, “¿qué?” le dije subido de ansiedad…“es que yo soy marihuano, fumo mucha mota” confesó…a lo que le dije que no había problema, que fume todo lo que necesite, aunque por dentro pensé que debían ser muy drásticas las cantidades diarias que fumaba como para decírmelo como si fuera algo de vida o muerte. Cuando le dije que por mí estaba todo bien, se dirigió a la mesa principal del living y del cajón saco los utensilios para armarse un cigarro adulterado, al minuto estaba encendiendo el mismo, cuyo tamaño era como mi dedo índice (por si no lo recuerdan es de temer este dedito je). Minutos después Patrick estaba distendido, y nos pusimos a hablar de música, de Oasis, de Blur, de Sonic Youth, de Malvinas, de todo. Sin darse cuenta continuó en plan de dejarme su estilo de vida en claro, empezando por su trabajo: según él trabajaba para el gobierno de Inglaterra en México, fundaban sus capacidades el hecho de llevar bastante tiempo (años) estudiando la historia mexicana. Y que a raíz de la cruenta situación actual de este país su empleo lo llevaba a dar diferentes charlas a lo largo de las tierras aztecas pregonando la no violencia, y también haciendo de orador para rememorar las desgracias en las que cayeron muchos países por culpa del terrorismo del estado. Por cierto también me comentó que tanto él como sus compañeros ingleses en esta arriesgada cruzada estaban muy preocupados por una colega que fue en representación inglesa a Guatemala, y que ya hacía 2 semanas que no les daba señales de vida…Como postre este peculiar sujeto, más alto que yo, se mostró indignado por otra situación: cuando le consulté si le gustaba como era su vida acá me contestó que ya estaba cansado de seguir viviendo en el D.F. pero que desde el consulado de su país lo estaban obligando a quedarse al menos por 6 meses más, que aunque él no quisiera tendría que terminar su trabajo como sea…De todos modos la charla siguió su curso ameno, pero en el fondo algo me decía que no era un rommie indicado para mí, además de que su perro no respondió a ninguno de los silbidos, chasquidos, llamados y gestos que le hice durante la hora y monedas que estuve allí. Gracias por todo Patrick, a quién me encontré en un mercado como 10 días después, pero miré para abajo porque yo venía con un humor de perros…si sabrá él de eso.

Como curiosidad extra a todo lo que les contaré de mi 3era veintena, comprendida entre el 2 y el 21 de agosto, debo informarles sobre una rareza en lo referido a “salir a comer”. Supongamos que a vos te regalan un buen vino, tinto, blanco, rosado, espumoso, un cognac o un whisky. Y que es tu cumpleaños también supongamos, y que además vas a invitar a algunos amigos...Bueno uno puede aparecer, en la mayoría de los restoranes mexicanos, con su (s) botella (s), la que más te guste (n), y por un monto de alrededor de 100 pesos de la moneda local ya podrás disfrutar de tu bebida predilecta, con balde y hielo incluídos. En términos específicos los cien son en concepto de “descorche”, eso es lo que pagas, por lo que llevas tu botella y ya…yo personalmente no sabía que eso existía. Open mind.


PERSPECTIVAS DE APRENDIZAJE

Para cerrar esta etapa sólo quiero dejar asentado algunos tips que me servirán también para el futuro venidero. Por ejemplo que ya me saturé de comprobar el estribillo de ese conocido tema de Charly García que dice “la sal no sala y el azúcar no endulza”, en este país (o quizá en varias partes del país) no hay duda alguna de que no cumplen bien su función ni la sal ni el azúcar. Queda para la sabiduría no poner más las 8 cucharadas con las que durante varias mañanas intenté, sin éxito, que mis “cafeses” tuvieran gusto a algo (fuera de la amargura típica del café). Y con la sal no hay caso tampoco, si quería comer fideos le ponía sal al agua mientras hervía, le ponía sal también después de colarlos, le ponía sal a la salsa o a lo que acompañaría mi pasta, pero no…seguía sin aparecer el gusto deseado, no había forma de levantar las comidas, el sodio mexicano es una pérdida de tiempo pensé (durante varios días). Quedó en claro que no deberé echar al pedo ni uno ni otra, mejor mantenerse fuera de los ingredientes más básicos del arte culinario, haciendo mis comidas como si nada. De paso sé que estaré cuidando un poco más mi colesterol, mi presión, mi organismo, si bien las fases alimenticias tendrán una cierta de cuota de aburrimiento, no es algo que no se pueda solucionar con otros de los intensos aditamentos foráneos.

Por otro lado aprendí que los medios de trasporte terrestres del D.F. aún no se adaptan a mi cuerpo y sus contornos. Volviendo de la loma del ano necesitaba descansar urgentemente, no sólo la espalda, sino pies, cuello y brazos; Me senté en el fondo del “camión”, no merecen llamarse colectivos, y de hecho no se llaman. Son una cajas rectangulares de fines de los 80, que crujen sobre el asfalto y tambalean, y que casi siempre vienen sacudiendo unas músicas que no espero y que si es temprano en la mañana me produce mal humor, léase desde Paulina Rubio a una cachaca innecesaria, lo peor es que el volumen generalmente está mucho más alto de lo que un chofer con ética ciudadana establecería. El caso fue que me estiré más de la cuenta, me desperecé, me relaje, y entre tanta flojera escuché un “crack” en el asiento quíntuple que sólo yo ocupaba, pero todo siguió normalmente, el compás de una banda norteña no tan molesta me hizo sentirme lo más pancho y por poco elijo dormitar unos minutos. Al ratico cambié de posición y estiré mis piernas, otro “crack” pero sin consecuencias oí; Finalmente se acercaba mi destino último y me moví agresivamente para reacomodar mi trasero, y ahí sí que hubo fractura de hierros…además de que desvencijé la butaca y la solté de su lugar natural, seguí sentado (bah, fingiendo que estaba sentado porque estaba casi en el aire) durante los minutos restantes para llegar. Consumado el arribo me levanté como si nada, la débil butaca volvió a chirriar, y me fui como un rayo del bus para que no hubiera evidencias ni rastros del mastodonte que destruyó por completo el futuro asiento de 5 personas…¿era mala la estructura o fue mucho para ella el exceso de peso,sumado a mis movimientos bruscos?, esta vez no me siento tan culpable aunque lo haya sido...

Para concluir mis vivencias quiero reconocerles que no es joda ni mito lo de la altura sobre el nivel del mar del entrañable Distrito Federal. Realmente puede hacer la diferencia en personas que no contamos con el mejor estado físico. Un cierto miércoles la cita para el fútbol 6 era a las 13hs y bajo un sol muy hostil, por mi parte me había levantado a eso de las 11am, desayuné livianito y me fui un rato a lo de Coco. Inconscientemente previo al partido me fumé 2 cigarros, no sé si por ansia deportiva o por simple adicción pero no reflexioné en su momento sobre los efectos que me producirían en el futuro inmediato. Durante el partido que perdió mi equipo por una abultada diferencia de 10/11 goles, corrí más de lo que yo mismo hubiese creído, de todas formas a cada rato tenía que quedarme defendiendo atrás hasta que el aire apareciera, mis pulmones creían en Dios cada vez que sentían volver a funcionar apenas. El oxígeno escaseaba de una forma rutilante los últimos minutos, finalizado el match me fui rápido al departamento, pero justo cuando estaba por entrar al edificio sentí como si el mundo entero conspirara contra mi sisterma respiratorio, en eso el desayuno pasó a ser uno con la acera y vereda, salpicándose de mis desesperados intentos por regular el espesor de una saliva totalmente pegajosa y desoxigenada...fue una "fucking situation" como dice. Comprendí que hay que respetar el factor climático de la ciudad y ser precavido, no se trata de jugar como si nada, la cuestión radica en aceptar que con un deplorable estado físico el cuerpo puede pasar a ser víctima de un golpe de estado.

martes, 23 de agosto de 2011

Tercera Veintena - Capítulo 2

MÁS Y MÁS CONCOMITANCIAS ABYECTAS

Para continuar delineando las rarezas con las que me encuentro a cada instante voy a detenerme en el arranque desconcertante de una señora de unos 50 años. Cierta tarde venía caminando por la pintoresca avenida Benjamin Franklin, fumando un cigarro, pensando en un contacto que me pasaron y que en verdad no me había ayudado (ni lo hizo) en nada más que en hacerme gastar en crédito para el teléfono, maldecía que realmente comunicarse con este tipo era siempre para recibir más y más pálidas. El hecho fue de repente se me acercó una señora y se puso frente mío, luego de percatarme de su súbita presencia, la miro y ella me ruega:
_ Perdón señor ¿no tendría un peso para darme? Es que tengo mi carro en el taller y hoy me dijeron que la reparación me va a costar 80 pesos, sin ese dinero no podré retirar mi carro (en tanto me enseña las llaves de un auto y las agita en el aire, me mira como buscando que le crea, vi como que mentía con su mirada, bah, eso sentí), ¡por favor se lo pido!…
_ No, disculpe señora, no tengo nada (no pude creerle, no sé bien porqué, ¿intuición? ¿o seré tacaño naturalmente?)…
En otra oportunidad quizá yo le hubiera dado alguna moneda, pero me inspiró tan poca credibilidad su expresión, su tono, sus ademanes, que opté por dejar sin efecto su pedido. Pobre señora pensé más tarde. No era su día evidentemente.


Una noche estábamos escuchando al Coco tocarse unos temas en su departamento, mientras esperábamos a un par chicas que iban a hacer “acto presencia” (imagen) en un antro donde Coco trabaja. Al rato llega una de las muchachas, con el rostro cansado y notoria mala onda, o nomás estaba mal ustedes saben qué… No le dio ningún beso a ninguno de nosotros, sólo se sentó y se dispuso a exigir. La escena fue parecida a un sabotaje sin escrúpulos, debido a que la mujerzuela indagó sin pelos en la lengua:
_ Chicos, ¿tienen porro?
_ No (dijo el anfitrión)...
_ Uhh, ¿y coca tienen?
_ No, tengo jugo (dijo Coco inocentemente), ¿quieres?
_ (Risas de la susodicha) No, de la otro decía yo…
_ ¡Ah el polvo blanco! (dijo otro amigo), no che ni ahí…
_ Sí eso quería, pero bueno… ¿me das un vaso de agua Coco por favor?...
_ Sí obvio…
Todos nos miramos incrédulos, en tanto la chica se puso bastante colorada, no es para menos con tremendo abuso de confianza y caradura; Esta ojerosa y poco discreta argentina de 26 años, proveniente “Shan Ishidro” según dijo (sin que nadie le haya preguntado), andaba medio suelta de ropas. Estos harapos multicolores que llevaba hicieron que nos demos cuenta de que aún debía cambiarse para ir al antro (y maquillarse desde ya). En eso su amiga que iba a acompañarla la llamo para avisarle que no iría. Lo cierto era que su ropa la tenía su amiga, entonces la niña comenzó a divagar sobre dónde obtener ropa propicia para ponerse. Entonces recordó ser amiga de una vecina de Coco, y nos preguntó si la vecina estaba, la respuesta fue sí por lo que el tema vestimenta parecía estar solucionado. Hasta que el pinche Rulo le dijo:
_ Che, ¿segura que te va a entrar la ropa de Paula?, porque yo te veo más “anchita” que ella, no creo que entres. (con tono amistoso y despreocupado como suele hablar él)...
_ (Abre sus ojos lastimada en su orgullo y decreta) Ah no yo me voy, me estás re boludeando flaco, me cansé ¿Cómo me vas a decir eso?
_ No pero en serio, ella es como más chiquita, fuera de joda la veo difícil que encuentres algo de tu talle, sin ofender eh.
_ No, no, no, yo sé que estoy un poco más gordita pero esto es demasiado, me voy a la mierda de acá. (cuando se levanta ya casi estaba a punto de llorar, entonces Rulo se da cuenta e intenta calmarla)…
_ Pero nada que ver, no sos gorda, es más te re doy (ella vuelve a sentarse), yo solamente pensaba que la ropa de Pau te va a quedar chica. Te pido perdón, en serio estás re buena boluda, posta.
_ Que me importa lo que vos pienses boludo, no, no, yo me voy al carajo (cuando se para nuevamente vuelca una lata de cerveza que había sobre la mesa, el líquido de cebada se batió y no sólo salpicó a ella sino que mojó su cámara Nikon al punto de que ni bien la levantó goteaba cerveza visiblemente (una lástima arruinar esa profesional cámara de alto precio pensé). De hecho ella ni se inmutó al ver el goteo incesante, por lo que le dije:
_ Ey toma el trapo y límpiala, no debe ser barata esa camarita, y no creo que te la hayas encontrada tirada en el piso.
_ Ay sí, gracias… (la refregó un poco y procedió a irse, a lo que Rulo la siguió detrás)…
Los gritos se escuchaban desde el cuarto piso, ella lloraba e intercalaba gritos muy poderosos que señalaban a Rulo como lo peor del mundo. Creo que Rulito se hizo cargo porque se vio sorprendido de la inexplicable reacción histérica de esta droga dependiente. Finalmente yo me fui a mi depa, los agravios continuaban y con un volumen elevadísimo. Al día siguiente le consulte a Rulo cómo había terminado la historia, me comentó que la tuvo que llevar en su auto al antro, los dos solos, pedirle perdón reiteradas veces en la noche, y que incluso la llevó a su casa, estando esta chica en un estado de embriaguez horripilante. Obviamente que esta mujer no será reclutada por Coco nunca más, primero porque nadie la conocía y se comportó sin dar rastros de madurez alguna, segundo porque nadie soportaría las ganas de reírsele en su cara al recordar lo ocurrido aquella noche.


ASÍ ES EL CALOR

Hace unas 2 semanas me digné a recorrer segmentos importantes del centro del D.F. que sabía que tenía que conocer. Tal fue el caso de la Plaza de la Revolución, imponente por donde se la mire, a la cual le tomé fotos de varios ángulos, además de detenerme por varios minutos a intentar comprender semejante monstruo arquitectónico (fotos).




Cuando creí que ya había sido todo, atiné al reloj como para saber en qué horario estaba la ciudad, siendo las 2 de la tarde en punto me dio hambre y por unos segundos me imaginé almorzando una torta de milanesa o algo bien cochino. En eso diviso a más de 60 niños mirando sus relojes, sus celulares, preguntando a otros cual era la hora…me quedé a ver porque su impaciencia jovial estaba llamando mi atención, hasta que recordé que tengo adelantado mi crono unos 5 minutos; Al siguiente latido salieron una serie de chorros de agua desde el piso que realmente provocaron una fiesta instantánea entre los pequeñuelos. Agua fresca para todos, algarabía, y en mi mente la imagen de varios soldados por demás solemnes y compenetrados en desfilar para su superior, ubicados apenas unos 80 metros más atrás de la jocosa lluvia que salía de a ratitos desde el suelo de la plaza (fotos).



Capítulo final en solo unas horas...saludos!

domingo, 21 de agosto de 2011

Tercera Veintena - Capítulo 1

INVADIENDO LA DICHA CON ERRORES AJENOS

En mi tercera etapa he recopilado una serie de episodios por demás cómicos y no tan sencillos de explicar, referido a reacciones ajenas y actitudes indignantes. Para empezar voy a relatar la historia de mi amigazo peruano Manuel (modelo, 26 añitos y algo desbaratador). Normalmente si algún alguien se encuentra pleno de energías es corriente a veces equivocarse, vanamente, sin advertir por completo la magnitud que encierra una determinada manera de actuar. Esa noche, luego de que nos rebotaran en un antro de la Colonia Roma Norte (“Rioma”), optamos por comer algo del puestito callejero a pasos del antro. Yo no tenía hambre por algún motivo x, así que me quedé platicando con Coco (peruanazo), Rulo (platense y del lobo) y Katy (uruguaya). Comentarios que no recuerdo mediante ninguno notó la ausencia de Manuel, cuando el amigote nuestro regresó venía lo más tranquilo (si bien bastante ebrio) masticando una salchicha, nadie le dijo nada, por su parte él sólo reía como ocultando algo. Pasó un minuto y se nos acercó un chavito que lo único que hizo fue dirigirse a Manu para preguntarle:
_ Oye tú ¿vas a pagar por la salchicha que tomaste?
_ (Haciéndose el desentendido) Yo no tomé ninguna salchicha señor (escondiéndola entre sus manos ya sin disimulo alguno)…
_ Ya la vi, la tienes ahí guardada (le dijo, sin obtener el reconocimiento buscado volvió cabizbajo a su cutre puesto de trabajo)…
Fue cuando todos miramos a Manu y le dijimos que no sea tan maleducado, que vaya y se la pague como correspondía. A su vez al gran Coco le agarró hambre y se pidió un hot-dog, a lo que Manu aprovechó para apoyar forasteramente la salchicha mordisqueada en la asadora, como quien no quiere la cosa, creyendo que el pobre empleado no se daría cuenta de lo que querían hacerle creer, puntualmente que nada había pasado (y que ese salchicha podría ser vendida a algún otro cliente). Un poco más firme la víctima volvió a preguntar:
_ ¿Vas pagarme por ella o no?
_ ¿Cuánto es?
_ 20 pesos…
_ Coco… ¿tienes 20 para prestarme?
_ No Manuel (entre risas de todos, menos del encargado del carrito claro está)…
Pero el inefable Manu le pidió los benditos 20 a Rulo y este se los dio sin pensar demasiado (algo que no tendría que haber hecho, así la historia quizá hubiese tenido otro matiz más aún de seguro). Así mi amigo pagó por algo que ni siquiera terminó de comer, además de que le cobraron el valor de un hot-dog aunque él sólo consumió ¾ de una salchicha sola. Seguidamente Manu quiso dejar las cosas en orden y le dijo al buen hombre aquel:
_ Disculpe señor, en verdad esta noche me embriagué, le pido que me perdone, no fue mi intención hacerlo enojar, ni robarle nada, fue solamente un broma tonta, ¿eh? (mientras le estrecha su mano…)
_ Sí, sí, no hay problema (definitivamente era el empleado con más paciencia de México).
Por si fuera poco, cuando nos fuimos de allí a buscar un taxi venía una chica caminando y cuando pasa por al lado nuestro Manuel le dice:
_ Oye, una pregunta, ¿sabes cómo te llamas?
_ …
Todos estallamos de la risa de semejante ocurrencia, de la cara de póker que le devolvió aquella señorita y que este buey no cesaba de dar la nota.


TODOS LOS DÍAS SE APRENDE ALGO NUEVO

Venía ajetreado, la semana pasada, pensando en saciar mi sed con agua bien fría, en tanto el Metro avanzaba más que parsimoniosamente. En eso entra al vagón una niñita vendedora de unos 7 años, que con voz potente y chillona nos ofrece golosinas, pero a la vez nos dejaba ver sus pocas ganas de seguir hacinando su cuerpecito por tener que trabajar bajo un calor intenso que no sólo ella sufría (desde ya). A unos pasos de mi lugar había parte de una familia, compuesta supongo de madre, hermana, y dos hijas de 8 y 12 años aproximadamente. Apenas la menor de estas vio a la otra chiquilla tan rimbombante, haciendo su faena, quedó absorta entre sus pensamientos pueriles, a lo que le manifestó a su madre:
_ Mamá… ¿por qué esa nena está trabajando?
_ (risa con sorna de parte de su madre) Y…trabaja porque es lo que tiene que hacer.
_ ¿Y por qué yo no trabajo mami?
_ Porque vos vas a la escuela mi vida, además no hace falta por ahora…
_ ¿Y qué?... ¿la nena no va a la escuela entonces?
_ No sé hijita, igual no te preocupes que vos también vas a tener que trabajar cuando seas más grande (más risas, ahora entre las otras dos restantes también).
_ Pero yo soy chiquita como ella, y por eso no trabajo, pero ella sí mami (tras la llegada de esa idea la nena se vio netamente sorprendida y puso una cara mitad indignación mitad de tristeza, quizá había entendido casi toda la situación en su totalidad)...
 _ Vos tuviste más suerte que ella mi amor, por eso no trabajas. Esa nena tiene que ayudar a su familia para que no le falte un plato de comida en la mesa...
Duro ¿no?, poco ortodoxa la explicación materna pero por demás efectiva estimo. La nena se quedó pensante en sus adentros, vaya uno a saber en qué…no creo que en el concepto de explotación en sí, aunque en algo por estilo he de suponer.


“NOS SIGUEN PEGANDO ABAJO”

Fue chocantemente chusco lo ocurrido esa tarde en que venía viajando en el Metro Bus y sin darme cuenta me descansé en la zona de asientos reservados sólo para mujeres (o niños y ancianos también en su defecto). Lo cierto fue que el guarda se me acercó para decirme que no podía permanecer en dicho sector, bien no hay problema me dije. De inmediato el vigilante procedió a hacer lo mismo con un grupito de 4 chaparritos de unos 15 años, 3 de ellos se levantaron pero hubo uno que se hacía el sordo…era inadmisible e impagable ver al guarda a centímetros de este joven pidiéndole que abandonase ese asiento mientras este miraba por la ventanilla y hacía de cuenta que no lo escuchaba.  Al tercer llamado sin respuesta ni mosqueo el hombre perdió la paciencia y tomó a este pibe del brazo para señalarle, con tono grave, que debía levantarse en ese preciso instante de su preciado lugar (atrás del colectivo de más está aclarar que no había lugares disponibles. El receloso adolescente le hizo caso, pero de muy mala gana, y se ubicó junto con sus amigos que estaban atrás mío (parados lógico); Increíble era escuchar como este vástago maldecía al responsable guarda sin cesar en su escalada, desafiando el alcance de lo sigiloso, jugando con los límites del sonido porque la cantidad de insultos se sucedían y hasta casi parecía que en cualquier momento el hombre terminaría escuchando esos vívidos agravios hacia su persona. Pasaron varios minutos y el joven ya no siguió consumiendo mi tolerancia, creo que me molestaba semejante y aparente rebeldía, si bien tenía razón en ponerse así yo pensaba, ya me resultaba un murmullo harto denso. Un par de cuadras más y los jóvenes se bajaron, ahí sí se dio el lujo de gritar “pinche cabrón” y salir al trote junto con sus amigos, en ese momento sí que le di la derecha porque, si bien denotó cobardía e infantilismo necio, creo que fue una excelente forma de, finalmente, descargar toda la bronca que la situación y el botón le habían generado.

Algunos días después tuve el agrado de cruzarme a Manuel en la zona del Zócalo, donde a diario unos 2 millones de personas transitan (mínimo). Vaya casualidad sí; Este buey andaba queriendo unas gafas “vintage”, mientras que yo venía cansadísimo de no encontrar un adaptador para el cable de la PC con la que redacto todo lo que me pinta (todo lo que me late diría si fuese mexicano); Empezamos a preguntar y como siempre hubo respuestas por doquier pero ninguna acertada ni veraz de parte de los locales, policías también nos mintieron vale destacar, lo cierto que de tanto dar vueltas pasamos por la avenida que homenajea a mi país (foto).


Y entre otras calles con nombres de naciones, vimos pasar algunos camiones militares plagados de uniformados con pocas ganas de ser fotografiados, apuesto lo poco de dinero que me queda que si me veían tomando una foto frenarían su máquina mecánica en seco para secuestrarme y torturarme fingiendo que yo fuese narcotraficante peligroso para México, esta deducción nace de la cara de pocos amigos que traían los susodichos. Les dejo la humilde foto que pude tomar:

 
Sigo contándoles todo lo que me piache en breve…

martes, 9 de agosto de 2011

Segunda Veintena - Capítulo Final

INTERACCIONES Y CURIOSIDADES

Para ultimar la reseña del veintavo les contaré, en principio, sobre Alejandro. Este muchacho de unos 30 años, un no tan buen día, se distrajo y por infortunio perdió su pasaporte mexicano-estadounidense. La vida se empecinó en que yo sea quién caminando por Condesa me encontrase con este importante documento. Desde este hallazgo intenté comunicarme con su dueño aunque sin suerte, en las redes sociales no lo pude encontrar, sin embargo di con un usuario de Feisbuk que tenía casi su mismo nombre, con la excepción de que era un sr mayor y de que a su apellido le faltaba uno de los tres que figuraban en el pasaporte extraviado; Por lo que mi buena fe no dudó y eligió escribirle un mensaje privado a este hombre de símil identidad. Transcurrieron unas 3 semanas y a mi casilla llegó un mensaje que confirmaba que este hombre grande era el padre del titular de dicha identificación, incluso me adjuntó los teléfonos en los cuales su hijo me atendería. Sin preámbulos lo llamé y de inmediato acordamos vernos esa noche a pocas cuadras de mi depa. A la hora señalada, mientras degustaba un tabaco en una esquina, vi como este buey se acercaba hacia mí sin saber si yo era quién conservaba su tesoro tan preciado. Cuando mira para su derecha en busca de otra persona, creyendo que yo no era el indicado, le digo con firmeza: “¡Ale!” y seguidamente me responde: “¿Gonzalo verdad?”, a lo que dije “así es”…al segundo siguiente esta persona me estaba propiciando un fraternal abrazo lleno de júbilo y agradecimiento. Su mirada y sus palabras se encargaban de remarcar a cada segundo el invaluable gesto que para él significaba mi preocupación en entregarle su bendito pasaporte (hasta me confesó que en un par de meses se iría de USA). Se ofreció a ayudarme en cualquier cosa que necesite (si bien no respondió el mail ni los mensajes para ver si me daba una mano con unos trámites), lo cierto es que Alejandro me abrazó unas 3 veces más antes de que nos despidamos, y nunca dejó de sentirse un privilegiado por la bondad con la que obré (además del  total desinterés). Concluido el acto humano de aquel día, caminando a casa, miré en lo profundo del cielo como reclamando que el de arriba no se olvide de lo que hice. Quizás su trazo divino ya me reveló un destino concreto, y que a lo mejor aún no estoy al tanto de haberlo visto o sentido, lo que seguro sabe es que no me quedó nada por hacer para ayudar a un desconocido…y eso es lo que cuenta.

Por otra parte debo reconocer que me cuesta horrores asimilar que la función de banco sea hecha por los supermercados muchas veces, como servicio adicional el “super” asiste a sus clientes y los ayuda otorgándoles dinero en efectivo. Olvidarse la billetera ya no es un problema porque uno puede requerir la suma que necesite y el cajero te la entrega rápida y amablemente (luego de ponerle la firma a un recibo inofensivo). Voraz capitalismo incita esta tramoya a mi modo de ver, creo que la onda correcta sería que “si no hay cash volved a vuestro hogar y comer lo que haya (o bañaos sólo con agua)”.

Una de las cosas que también suele ser motivo de desesperación es el inefable tráfico aéreo que somete las alturas del D.F., esta sobrepoblación de aviones de más está decir que varía según la hora del día, pero en ciertas oportunidades uno puede vislumbrar que el promedio es de un avión por minuto y medio; Así durante más de una hora, algo que inexorablemente suscita la idea de viajar, quedarse, irse, dejando en claro que esta ciudad es una escala obligada para cientos de miles de personas, sin uno saber completamente si la tendencia generalizada es escaparse de aquí o si realmente todos los días hay miles de personas que llegan en busca de mejor suerte (como quién les habla). De hecho hasta los helicópteros forman parte de esta estadística, junto a otros objetos voladores bien identificables.

Por su parte el 20 de julio todos sabemos que fue el marketinero día del amigo, cuestión que en México no se conmemora en ningún día en especial, se supone que este día se festeja todos los días (o ninguno). De igual forma fui con los amigos de acá a un antro llamado “Hookah”, en el cual no pagamos entrada y donde al fernet te lo servían con coca sin gas (sin onda digamos)…la idea es decirle que los extrañé mucho, a quiénes se saben mis amigos y a los que a su vez saben que son míos/as.

En lo que lleva mi estadía en Colonia Escandón, sobre la pintoresca calle De la Constitución, también pude detectar curiosidades, en este caso referidas al edificio en el que vivo en sí. Quiero resaltar lo llamativo que me resulta convivir con una perra comunitaria llamada “Kinha”, ella tiene acceso a cualquier departamento de nuestra vecindad, un día puede pasárselo entero en lo de alguno de los vecinos, nadie la proscribe y como corresponde yo tuve mi episodio con la canina. Hace unos 10 días me encontraba durmiendo plácidamente, de repente a eso de las 5am percibo un rasgueo tan inhumano como su insistencia, efectivamente es la contraseña empleada por “Kinha” para ingresar a los domicilios. Al fin y al cabo no era mi intención ser su anfitrión, ya sea porque a veces heda a altillo (o a “trocitos”), o sea porque suele ponerse cariñosa y lametear. Efectivamente no le abrí, pero efectivamente también ella siguió llamando a la puerta por un espacio de más de 30 minutos, lo que hizo que no me pueda dormir por unos 45 minutos. Conclusión: la próxima vez tendré que hacerla pasar para que no sea una pesadilla (estando yo despierto), o dicho de otro modo: para poder dormir tranquilo.

Al día siguiente de la defunción de Ammy Winehouse fue estrambótico ver una foto suya en la tapa de un periódico con un título salvaje que decía: “¡¡MUERTA!!”, en una nada casual tipografía color amarillo (por si las moscas). Por cierto, no había ninguna otra noticia en la portada del diario, como para apreciar la nula importancia que los medios mexicanos reservan para otras noticias (las nacionales sobre todo)…   


PERSPECTIVAS DE APRENDIZAJE

Entre tonos y latiguillos que uno asimila asiduamente, es menester de vez en vez incorporar nociones básicas para que la (mi) vida no corra peligro (“Sólo tengo una vida” dijo el flaco Spinetta en su canción “Al ver verás”). Por ello voy a reafirmarles porqué hablo de enseñanza, de la ciudad para conmigo. Se trata de que una buena tarde venía embalado con la bici ecológica, sin pensar, pedaleando a dos manos (sic) y usando como combustible las infinitas visiones de calidad que se me presentaban varios metros adelante, pero de por medio había una prudencia a la cual no estaba atendiendo. Tan así fue que con el envión que traía decidí cruzar la avenida Chapultepec de par en par, por la senda peatonal, aunque sin saber con exactitud cuantos segundos le quedaban al semáforo; Cuando todavía no había atravesado ni la mitad de la senda veo que a mi izquierda los autos y motos comenzaban, inmutables, a avanzar. El pánico se pasó a llamar Gonzalo y a ser poco aguerrido; Reducido mi cuerpo a la mínima expresión intenté hacer fuerza con mente y alma para que viniera Superman o Batman, y merced a alguna de sus habilidades me sacaran del meollo en el que veía. La lucidez pasó a ser sinónimo de pedalear con todas mis fuerzas, cuando sólo me quedaba un cuarto de la eterna senda para darme por sobrevivido, y ya los impacientes conductores estaban a un metro de impactarme, la última carta que jugué fue esta: los miré firmemente sin detener mi incesante movimiento de piernas, a todos, llevado por la ilusión de que me vieran y así aminorasen su marcha. Se dio como lo intuí, nadie ni los motoqueros prosiguieron, por ende no me atropellaron, me miraron, lógicamente, con cara amenazante y de “la próxima no te salvarás”, a lo que me respuesta gestual fue una mezcla exacta de gracias y perdón (más una sonrisa inocentona y cómplice, condecorando el suspiro del metro final con el que definitivamente puse de regreso mi alma a mi morrudo cuerpo).

Otro punto que me ayudará de cara al futuro es no olvidarme de que a la noche los taxis cuestan más caros, y que a diferencia de Argentina aquí si se puede sumar a un quinto pasajero, pero esta inclusión hará que el valor final del viaje aumente poco más de un 100%.

La franja comprendida por los últimos 10 días fue el preludio para que la lluvia comenzara a despedirse, al menos de aquellos caudales con los que solía caer antes; Realmente ha hecho aún más didácticas las tardes de reconocimiento de la ciudad y de búsqueda de empleo, y no me ha encerrado tanto en las archiconocidas dimensiones de mi computadora (siempre amigable y/o secuestradora).
En una tarde compras para todo el mes, me mandaron a comprar un kilo de tomate (ají tomate le dicen). Fui al sector de las verduras, y escogí aquellos tomates que consideré en su punto justo de maduración, tardé unos 3 minutos en tomar cuatro, apenas los puse en la balanza la aguja se disparó directo hacia el 1, sin ni un milímetro para ninguno de sus costados. Un kilo exacto marcó, por lo que intuyo que podré ser verdulero en algún momento, y en el país que se me antoje.

Finalmente los voy a advertir de otra situación, efímera más sugerente, que viví sobre la calle Venezuela; Allí, junto a un mercado callejero muy despelotado por no decir caótico (plagado de gritos, policías alarmados y vendedores ensimismados), había un niño dormido arriba de un capote (no, Truman no) que me invitaba a retratarlo, sobre todo considerando el contexto en el que el crío había logrado conciliar el sueño. Para este fin di toda la vuelta con tal de quedar en diagonal a ese poder que me inspiraba la imagen citada, nomás constaría de un zoom conciso tomar la panorámica de aquel pobre vástago totalmente desmayado. Lo único desconcertante seguía siendo su alrededor, la horda cuasi bestial de vendedores acuñando su megáfono era el verdadero espectáculo pero yo quería más; Subidos a una plataforma o balde de pintura gigante, estos se dirigían a los que pasábamos por allí por poco obligándonos a comprar sus productos. Cuando llego al punto exacto para gatillar mi cámara, me abstraigo y presiono el botón para acercar el foco, cuando estoy a milisegundos de sacar finalmente la foto veo todo blanco en mi pantalla…me hago hacia atrás y bajo la cámara, e instantáneamente paso a darme cuenta de que un joven de unos 21 o 22 años me había puesto el megáfono en el lente, obstaculizando mis intenciones, y alcancé a balbucear un:
_ ¡Eehhh!
_ No se puede tomar fotografías (mientras lo miro fijo), disculpe…
_ ¿Y cómo sabes a qué estaba sacándole yo? (en tono algo jocoso)
_ No me importa, solamente le digo que no se pueden sacar fotos…
_ ¿En serio? ¿O sea que aunque tampoco puedo tomarle una foto al piso? (apuntando la cámara hacia abajo)…
_ Ah sí (sonriendo), al piso tómele todas las fotos que quiera…
Y me fui acongojado, humillado e incrédulo, primero porque este coate no sabía a qué le estaba sacando yo y empero no vaciló en obstruir mi visión, y segundo porque menos mal que no se percató de la foto que quería obtener en sí, porque en ese caso creo que hubiese sido más difícil de solucionar dicho pleito (de parte mía), suponiendo que este muchacho iría con sus superiores para que me juzgaran de alguna forma…je.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Segunda Veintena - Capítulo 2

NOCHE ELÉCTRONICA INTERNACIONAL

El mismo día de mi mudanza a Escandón era la presentación de Hernán Cattaneo en un antro llamado "Club Premier" (ex "Roots"), el cual estaba un tantito alejado. Según me habían avisado debería de tener mucho cuidado porque el público local está fuertemente arraigado a los grupos mafiosos y narcos, además de la inhospitalidad supuesta de los noctámbulos. Ya tenía mi entrada desde el día que arribé al D.F. ya que Juana me la había sacado, sin consultar, finalmente ella no pudo acompañarme por un compromiso; Sea como sea siempre supe que tenía que reservarme esa nochecita para poder disfrutar de uno de los mejores djs que existen en el mundo (encima argentino). Por lo que decidí ir solo y encontrarme allá con un mexicano al cual le había vendido la entrada de Juana (unos días antes cuando fui a su restorán). Aseado y ultrasobrio tomé el Metro que implicó que haga una combinación, “correspondencia” le dicen aquí, para terminar bajándome en la estación "Cuatro Caminos" (citada en el año 2003 por los geniales músicos de Café Tacuba para darle nombre a ese gran disco, a raíz de que los integrantes vivían en dicha colonia); Y de allí luego me tuve que subir a un taxi para llegar al lugar en cuestión.
Que su servidor considere subsiguientemente que se vió en un espectáculo por demás alucinante, quedará en el criterio de quiénes han oído un set entero (o roto) de Cattaneo, o en su defecto en el de aquellos que simplemente les gusta la música (cualquiera fuera). Para empezar hay que decir que apenas ingresé había un buey poniendo unos tracks que carecían de personalidad, de igual forma a la hora de manejar las bandejas, unos 1000 kms más arriba en materia sutilidad, fineza y sonido estuvo lo que luego escucharíamos los allí presentes; El novato estilo de aquel dj tampoco se disimulaba al apreciar que en el lugar había muy poca gente para el momento en el que llegué.

Pasó una hora y subió Hernán, entonces comenzó a sonar entre mis huesos el rictus característico con el que se podría hablar de un trance hacia otra dimensión merced al trabajo de hormiga de parte de mi coterráneo, manejando los tiempos con sabia intuición. Para darle un sabor frívolo a la velada, alrededor de Cattaneo había montones de cholulos que le hablaban y se sacaban fotos, de hecho encontré este video como para que envidien un poco, no sólo la música en cuestión sino también la ubicación de privilegio de quiénes registraron la música de este anormal del house progresivo en la que fue una noche de fantasía auditiva y visual.
A una hora de haber comenzado el show recibí un sms del mexicano, ni bien lo localizo me saluda y me dice que lo siga para instalarnos en un semi V.I.P., en el que con "solamente" consumir y soportar el constante asedio de los meseros uno se aseguraba su plaza. El hecho fue que me hidraté tras comprar una "Corona" con limón (aunque las rodajas eran casi nada ortodoxas y no entraban, por lo que se pegotearon asquerosamente mis manitas), mientras tanto en nuestra mesa ya había botellas de whisky escocés ("Buchanan´s"), un vodka ruso de ensueño ("Belvedere"), sumado a bebidas sin alcohol y a unas 5 personas sirviéndose con el fin de quedar a punto caramelo para bailar con la electrónica de exportación argenta. Después de un rato de interrogación sobre mi persona, me retiré solitario a la pista porque la musiquita iba ganando en intensidad. Los allí presentes realmente no sólo que no eran nada turbios o bizarros, simplemente parecían escuchar atentamente cada segundo, y lejos estaban de una sobredosis o de los excesos, nomás se olfateaba un tufillo natural de vez en vez y con mesura canábica. En este bonito sitio éramos unos dos mil y pico, afortunadamente había espacio para respirar y nadie incomodaba el disfrute con sus codos o movimientos. Por curiosidad indagué a algunos testigos sobre cómo percibían la sesión de Hernán: "muy fino", puedo asegurarles amigos míos, que fue la respuesta oída en al menos 3 oportunidades (los "cuates" algo debían de entender estimo)...
A fin de cuentas todo parecía que iba camino a ser otra travesía exitosa, más aún cuando se fueron algunos de la mesa y el alcohol ya parecía demasiado para los que quedaban (sumado a que mi "amigo" ya tambaleaba ante cada retumbe groovero y que al él estar motorizado no le sería muy conveniente seguir bebiendo). Entonces me entoné un poco para ir de nuevo a la pista, al largo rato volví a la mesa y sólo quedaba mi "amigo", tomamos todo lo que quedaba en las botellas y seguidamente me fui al baño, al volver ya no había nadie más que un buey al cual minutos antes le había pedído un cigarro, así que me puse a conversar con él; Resultó ser otro mexicano fascinado con la música, entablamos una charla futbolística al instante (en la cual fui ninguneado por reconocer mi amor e incondicionalidad hacia River Plate). Terminó al rato Cattaneo y la gente quedó en flash, yo le había caído bien al maestro último este así que, por más que vivía a 4 cuadras del antro, me llevó en su auto hasta mi departamente. Mejor imposible...Ah me olvidaba, las horas de música fueron casi 4 (3:45 o 3:50, ¿que tul?)...

Al siguiente día le llegó el turno al partido de cuartos de final entre Argentina y Uruguay…por supuesto que nadie creía que ese sábado sería letal para la depresiva selección que dirigía Sergio Batista. El encuentro fue vivido adranalínicamente por todos los que estábamos en el "depa" del músico Coco Rodríguez y de Rulo Telehit, se oían los gritos de una uruguaya, dos peruanos y 4 argentinos quiénes fuimos las víctimas de otro bochorno de nuestra selección, un ciclo y/o estilo de juego que indefectiblemente tenía fecha de vencimiento y fue aquel agridulce sábado. Y no me refiero a lo mal pateado que fue el penal de Carlitos Tévez, invoco las indi-gestiones producidas por el mandato grondoniano y sus tramoyas fabricadoras de chivos expiatorios, abrazadas siempre al desconcierto eufórico y exitista provisto por los medios deportivos argentinos. Fue lo que se dice un fin de semana incompleto...

Cierro con lo restante en el próximo capítulo...

lunes, 1 de agosto de 2011

Segunda Veintena - Capítulo 1


INTENTANDO PASOS FIRMES

Las emociones son efímeras ya que abren paso a otras nuevas, todas guardan esfuerzos renovadores en torno soluciones viables para conseguir al fin un digno puesto de trabajo. Cada minuto sociabilizador lleva consigo intrínseca una ayuda que me abriría las puertas al quedarme aquí mucho más tiempo (si bien siempre ocurre algo que disminuye su poder de alcance concreto). De igual forma existen factores que hacen las veces de bajativo, más que nada al considerar ciertas actitudes abundantes entre los mexicanos…Ya por el sólo hecho de que cada vez que uno pregunta alguna dirección, calle o referencia geográfica debe de corroborar con al menos 3 o 4 entes diferentes, debido a que por más que desconozcan las coordenadas que uno les consulta ellos no vacilan en indicar trayectos imaginarios o ficticios (por eso hay que cerciorarse preguntándole a otros transeúntes).

Lo importante es que llegué vivo para garabatearles mis vivencias queridos amigos, fajándome del delirante D.F., sus hermosuras naturales y las no tanto. Es asiduo salir a caminar y notar que las portadas de los diarios se componen casi siempre de lo mismo, y hacen que me sea ineludible tener que mencionar que en otras zonas del país los decesos ocurren cada día (lo que se dice “moneda corriente”). Acapulco, Monterrey, Oaxaca, Nuevo León, entre muchos lugares del norte mexicano siguen saldando muertos a raíz de una cruenta guerra civil que no sólo involucra a los narcos y la policía sino que también arrastra infinidad de víctimas inocentes. Contra eso no hay libertad que sea divina, ciudadanos del norte me afirmaron que por más precaución que uno tenga, los disparos provienen de puntos disímiles y comienzan de un momento a otro, por lo que la vía pública poco puede tener de segura en dichos estados (muchos de ellos son epicentros turísticos).

Un mediodía tomé el Metro, ni bien salí a la superficie las gotas de agua sobrevenían violentamente; Comencé a buscar el camino correcto pero un señor me indicó erróneamente sobre cómo llegar al Museo de Frida Kalho (foto), por lo que apelé a mi intuición y sólo atiné a ir en busca de la calle Acosta, la cual yo sabía que era lindante a mi principal destino. Tanto deambular me hizo llegar al museo pero estaba a minutos de cerrar, por lo que no pude ingresar. No me preocupo porque sé que tarde o temprano volveré para conocer la mística casona donde Diego Rivera y Frida entablaron sus intercambios exquisitos que años más tarde sacudirían al mundo artístico .


A pocas calles de allí fue un bálsamo divisar La Plaza de los hidalgos, cuyo centro cuenta con una cautivante fuente por demás tranquilizadora (fotos). No caben dudas, aquí la gente no oculta sus sonrisas cuando pasa por allí, si bien desde el cielo los chispazos volvían a cada rato.

 

Por otro lado se cumplió mi estadía en la coquetísima Colonia Condesa, el agradecimiento eterno a Juana, mi concubina durante las primeras 3 semanas, también una mención especial a su paciencia de nodriza. Afortunadamente el viernes 15 de julio terminé de mudar mis elementos, en su "depa" Lalo y Roby me aceptaron como “roomie” por el mes subsiguiente, ahora reposo mi ser en la Colonia Escandón que se encuentra al lado de Condesa, se trata también de un barrio muy tranquilo y que tiene todo lo necesario cerca (los amigos también); Quizá el único inconveniente para establecerme en total comodidad era que no contaba con un colchón donde dormir, menos una cama, hasta comprármelo decidí desafiar mi cuerpo y dormir en un sillón que si ustedes lo vieran me dirían que, según mi contextura física, iba a ser una empresa bien embarazosa el lograr adecuarme al mueble en cuestión. Sobreviví por unos 5,6 días y logré hacerme de un mini sillón-cama, propiedad de mi amigo Coco Rodríguez, por cierto un músico peruano con una combinación de canciones aptas para cachondear a todo México (y más).


AFILIANDO CULTURAS CON LAS COYUNTURAS

En estos segundos “20 días” no cesé de descubrir lugares “chidos”, ni tampoco de advertirme sobre otros algo más peligrosos; Entre los destacados hubo algunos que hicieron sentir a mi alma como si levitase de vivacidad, sea por ostentar impactantes sentidos arquitectónicos, o por los descaros naturales sin igual complicando la falta de belleza que es la contaminación de calles y personas. Bajo ningún concepto la imponencia de los rascacielos opaca estas sensaciones, dichos descaros se comparan con la frase típica que afirma que este es “el país más hermoso del mundo” (oída en varias ocasiones). El caso del Parque México es evidente (foto), este bonito sitio es utilizado para actividades de todo tipo, por ejemplo vi jóvenes jugando al fútbol bajo los fulgurantes rayos del sol y corriendo sobre un cemento recalcitrantemente duro.


De hecho tuve el agrado de volver al proverbial parque, llevado por Juana un lluvioso domingo; Lo cierto es que este día de la semana concurren unas 40 personas, bien dispuestas para bailar tangos y milongas, desde las 5 de la tarde hasta las 9 o 10 de la noche. Un toldo resistente cubría la “pista” del agua, concentrada en seguirse acumulando en cada pliegue, cada unos 15 minutos el techo se recargaba de líquido y el mismo drenaba por alguno de sus vértices y salpicaba dentro (en estos casos siempre hubo alguien alerta para “trapear” con el lampazo y despejar el mineral amenazante). Entre cada pieza musical aparecía Bob Marley y su “Could you be loved” para indicar que el descanso-intervalo llegaba, o que los aprovechadores tendrían su minuto de gloria para intentar hacer mella en un corazón desprevenido; Continuaban los pactos entre las cinturas y los cuartetos de pies camino a concertar ser uno, mientras yo omnisciente me encargaba de la prodigiosidad de ser el único matero presente, y de convidarle a quién quisiera tomar (como para darle más identificación a la reunión). El disfrute de escuchar “Naranjo en Flor” o “La última curda” no era pertinente sólo a los danzarines, a mí me produjo una sana nostalgia que a los pocos segundos me pude ver en algún lugar recóndito de Argentina, además de que el mensaje poético proferido por sus autores tomaba un significado extra al ahondar en el tono y la expresividad de sus palabras. Por cierto bajo la calidez de dicho encuentro los argentos siempre son minoría (pero están, Perón está je), prevalecen los locales animando la tarde, dándole rienda suelta a la seducción y el intimismo de nuestros ritmos.

Sin dudas lo más rutilante de esta jornada fue conocer, apenas (menos mal), a un perverso personaje mexicano llamado Lou, de unos 60 años, con un tapado negro de cuero tipo Roberto Piazza (Matrix), con voz ronca de ron y con un parecido interesante a Mickey Rourke y a su endeble rostro manoseado por los quirófanos. Escabulléndose entre la gente el señor llegó hacia mí para sentarse en mi mismo banco, saludó con su cabeza y me preguntó:
_ Disculpa amigo ¿qué es eso que estás tomando? (señalando el mate)
_ Es mate, ¿quiere probar?, está bueno.
_ ¿Y qué efecto tiene?
_ Efecto…estem…y no sabría decirle exactamente, es como el café pero más sano, es un antioxidante, es natural, se toma con agua caliente.
_ Pero, pero… ¿y qué hace?
_ No, no hace nada, no es como el Tequila o el mezcal, no es para irse de fiesta ni nada, es para relajarse, para estudiar o leer algo como el diario, para dialogar, para pasar un rato y bajar un poco la ansiedad, básicamente es para estar calmo yo diría, ¡o para empezar el día bien despabilado!
_ Ah bueno, a ver convídame uno por favor, ¿Cómo te llamas?…
_ Gonzalo es mi nombre ¿el suyo?
_ Yo me llamo Lou…
_ ¿Se escribe así cómo el del artista Lou Reed?
_ (Sonríe con cara de ebrio con plata)...Tú sí que sabes amigo Gonzalo…
Le devuelvo la sonrisa, de inmediato me pongo a cebarle mate para que tome por primera vez en su vida, de reojo veo que el señor se detiene a mirar a una amiga de Juana, la Chimi, y seguidamente me toca el hombro, cuando lo miro este estira su cuello en dirección a donde estaba bailando Chimi y dice:
_ Que linda está esa chava realmente, ¿la conoces? ¿es amiga tuya?
_ Sí, bah en realidad la conozco hace poco pero sí…es argentina como yo.
_ ¿Podrías presentármela Gonzalo?
_ Por poder puedo amigo pero, sin ánimos de ofender Lou, a ella le gustan hombres más jóvenes que usted, no es que tú no seas lo suficientemente apuesto, el tema es que ella tiene sólo 23 años y sale con gente su edad, o como mucho un par de años más… ¿me explico?
_ Sí, sí, entiendo, igualmente…qué hermosa que es ¿verdad?...
_Sí, sí, es mona la Chimi…
...A fin de cuentas este hombre no se detuvo en ningún momento, el parloteo totalizó poco menos de 3 horas donde Lou siguió platicándome sobre sus deseos de tener a la Chimi para su intimidad, sea como sea no le di ni un mínimo de espacio en pos de esa ilusión (fue realmente penoso oír las plegarias de este buey para convencerme de que le de el número de la Chimi, aldededor de 30 minutos se extendió en ese pedido absurdo). La continuidad de nuestra charla incluyó temas como la política argentina y mexicana, las exportaciones, las crisis, las comidas típicas, el asado, los viajes del susodicho por todo el mundo, los lugares obligatorios que México invita a conocer, su paso como vendedor para la GM, y frases de todo tipo, como ser: “el pasado y el futuro no son importantes, lo que cuenta es el presente, el hoy y el ahora” tiró el don. En ese largo intervalo fueron muy pocos los mates que otros pudieron tomar, ya que a mi ocasional amigo le gustó mucho nuestra infusión y no se dignaba a decir el “gracias” correspondiente que detendría el convite, además de que el agua ya estaba fría. Hasta la última gota, de lluvia y del termo, prosiguió aceptando…Me dio el número fijo de su casa para que al siguiente jueves lo llame, su idea era tomar unos mezcales cerca de su casa, aunque algo me dijo que no era lo ideal y no me comuniqué más con él, mi intuición no le dio la derecha a su halo de soledad rencorosa, por así decirlo…

Continúa el siguiente capítulo en horas...